sábado, enero 14, 2012

ODIO

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Gritó: Odio la navidad. Los fríos ojos impasibles de la multitud se voltearon a verlo. Lo mandaron al final de la fila de compras

viernes, enero 13, 2012

URGENCIA

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El reo camina feliz por el corredor de la muerte. Sabe que no mató a su esposa, sabe además que pronto se re encontrará con ella. 


viernes, septiembre 30, 2011

IMÁGENES



Y ocurrió que te reconocí. Llevabas una sonrisa que hacía juego con el día, y tus ojos, eran del color de la húmeda eternidad. Los años regresaron de pronto a la memoria, y allí, sentado en ese auditorio, me encontré recorriendo tus muslos de plata, y mis labios, tu cuello mullido y sereno, todo esto sin moverme de mi asiento. Sentí el corazón como relámpago o trueno que estremece. Me decidí. Me haría presente, sin importar con quien te encuentres, me acercaría y te saludaría.
Tomé la mano de mi nieto, que se encontraba junto a mí, y le dije: Llévame donde esa anciana…

jueves, julio 21, 2011

L I B E R A C I O N


Y miraba complacida cómo se quemaba en esa silla de muerte. Tras el grueso ventanal, observaba sintiendo una presión en el pecho, al hombre que se retorcía por el paso de la electricidad en su cuerpo. “Al fin” pensaba, y hasta parecía percibir el olor de la carne quemada. Ni siquiera sentía la presencia de gente a su alrededor, era como si estuviera sola.

 Recordó aquella noche, cuando escapó de él y se encerró en su cuarto.Su madre no se encontraba en casa, pues se hacía el turno nocturno en el hospital del pueblo, donde trabajaba como enfermera. Trató de contarle antes que su “novio” la acosaba, pero no le creyó y hasta se enfureció con ella por decir tanta mentira.

 Al inicio parecía buena persona, venía vestido de traje, le llevaba flores a su madre y chocolates a ella. Pero todo cambió cuando se mudó a casa. Su madre parecía como flotando, como tratando de sellar la partida de su padre. Era cierto, tenía derecho a rehacer su vida, trataba de superar cotidianamente la muerte de su esposo. Ese maldito accidente. Si su padre estuviera con ella.

 El acoso era constante. Él la miraba de soslayo y sonreía maliciosamente, ella lo esquivaba, trataba de entender a su madre y no quería verla derrumbada como antes. No quería quitarle la felicidad.

 Esa noche, se acercó con esa camiseta sudada y levantada, mostrando su ombligo mugroso y peludo en esa panza cervecera.  Miraba televisión en el sofá, y él se sentó muy cerca. Se puso nerviosa y trató de retirarse, pero él con la fuerza de un animal, logró agarrarla y atraerla hacia él, le tocó la espalda y los senos, mientras acercaba su aliento de cerdo a su cara, ella se resistía y gritó, pero no había nadie en casa, le propinó una mordida en el rostro que le hizo saltar sangre y lágrimas, logró salir de sus fauces y corrió despavorida escaleras arriba, cerró la puerta tras de ella, pasó el seguro y se sentó tras la puerta con el corazón reventándole en el pecho. Lloró.

 Escuchó sus pasos, y le taladró su amenaza en las sienes ¡Si le dices a tu madre! ¡Te Mato! Mecánicamente retrocedió hasta tropezar con la cama, se sentía totalmente indefensa y no dejaba de temblar. Él, con la fuerza de un ciclón, pateó la puerta haciendo saltar el seguro, y se acercó lentamente con esa misma tétrica sonrisa. Se paró en la mitad de la habitación: “Venga mija si no le voy a hacer daño”. Notó que  llevaba un cuchillo de cocina en la mano, pues le cegó el reflejo del acero. Ella agarró lo primero que estaba cerca, y cuando él se abalanzó le estampó el florero en la cabeza. Él cayó al piso, pero no sin antes propinarle una puñalada. Cuando se incorporó y la miró herida en el suelo, huyó como lo hacen los cobardes.

 Fue muy rápido todo, no sentía dolor. Llevó sus manos hacia donde le quemaba, alzó la cabeza y las miró rojas, con un rojo violáceo y opaco a la luz de la luna, única testigo del ataque. Se apretó fuerte la herida, y tuvo la fuerza suficiente para arrastrarse y llegar al teléfono del pasillo, llamó a su madre y le contó lo ocurrido. La ambulancia llegó veinte minutos más tarde. La hallaron aun con vida.

 Tres semanas después, la policía encontró al hombre y lo llevó a la justicia. Su madre puso la denuncia, y las pruebas lo hallaron culpable.

 Ahora, recordaba todo lo que pasó con una claridad única, recordó su viaje en la ambulancia, la falta de aire, el frío, aquella luz y cómo se observó a ella misma tendida en esa camilla con la herida mortal en un costado. Ahora podía partir, se sentía liberada, podía dar el paso, luego de advertirque su atacante fue castigado. En el instante justo, cuando él se miró aterrado a sí mismo, carbonizado en esa silla, asustado, como flotando y sin entender qué le había pasado. Ella se asió del brazo del que se encontraba a su lado. “Ahora podemos irnos papá”.


©Patricio Sarmiento Reinoso

martes, mayo 31, 2011

FABULA (micro)


Aquella noche los papeles cambiaron.
El lobo se mudó con su novio y caperucita firmó con playboy.
Solo la abuela suspira pensando en el ayer.

©Patricio Sarmiento Reinoso

miércoles, mayo 18, 2011

D I G N I D A D (micro)

Se enteró de su traición, lo dedujo de a poco. Esperó el momento preciso y le increpó fuerte, pero no violento. Ella lo miró con desdén, como sintiéndose liberada de una carga, no lo negó.

Cuando él intuyó que lo iba a dejar, le pidió perdón por descubrirla.

©Patricio Sarmiento Reinoso

sábado, mayo 07, 2011

P R E S A G I O (microcuento)



Los muchachos recibieron la orden del capitán: ¡Tienen que ir a barrer minas! Se dieron cuenta de inmediato que el equipo que los precedió no volverá, nadie volvía. Se cuadraron en posición de firmes, llevando su diestra con la palma extendida hacia su cabeza. ¡A la orden mi capitán! Un escalofrío intenso les recorrió la espalda, pese al calor que imperaba la selva. Partieron de inmediato.

Cuando llegaron al sector era pasado el medio día, el calor era insoportable, pero llevaban todo el pesado equipo, y su ropa de camuflaje. Se miraron con el temor contenido en los ojos antes de dar su primer paso. Se dividieron en hileras paralelas, dispuestas a cinco metros del siguiente soldado. El más antiguo iba adelante del grupo y en la parte central, el resto lo seguía de cerca, conformando un verdadero triángulo en aquel campo de muerte.  Por delante llevaban unos palos largos, con una especie de cepillo en las punta, algo muy parecido a una escoba, iban como tanteando el suelo.

El sudor, les difuminaba la visión, pero sus sentidos permanecían alertas, escuchando, tanteando, con el corazón en precipitada carrera.

Algunos, iban quedándose, se sentaban lentamente, cuando la mina era identificada, y procedían a limpiar su contorno, para poco a poco ir desenterrándola, liberándola de su prisión, liberándola para que no pueda matar.

Cuando dio el paso, sintió como si el terreno cediera bajo su pie, escuchó ese clic que jamás hubiera querido escuchar. El joven recluta pensó automáticamente en su madre, aquella mujer que en ese preciso momento debía encontrarse tejiendo un suéter para él a kilómetros de distancia. Recordó que era el día de la madre, y que no pudo ni siquiera llamarla, recordó que estaba en guerra y había perdido a su hermano. Todo lo recordó en esa infinitésima parte de tiempo en que duró aquel clic, antes de sentir como una especie de fuego que parecía provenir de su interior. Un incendio sin llamas, un silencio, una oscuridad que inflama.

Al otro lado del océano, en el preciso momento de la explosión, la madre deja caer angustiada sus viejos palillos de tejer, se lleva la mano al pecho y solloza: No, mi otro hijo …

©Patricio Sarmiento Reinoso


Este cuento está basado en la canción de Silvio Rodríguez: Madre, que Silvio la escribió un Día de las madres a los muchachos vietnamitas, quienes trataban de desactivar Minas en Hài Phòng, pero ellos usaban una escoba para barrerlas y explotaban con ellas conforme las barrían...

 

 

Madre (Silvio Rodriguez)

Madre, en tu día, no dejamos de mandarte nuestro amor.
Madre, en tu día, con las vidas construimos tu canción.

Madre, que tu nostalgia se vuelva el odio más feroz.
Madre, necesitamos de tu arroz.
Madre, ya no estés triste, la primavera volverá,
madre, con la palabra libertad.
Madre, los que no estemos para cantarte esta canción,
madre, recuerda que fue por tu amor.

Madre, en tu día, —Madre Patria y Madre Revolución—,
madre, en tu día,

tus muchachos barren minas de Hài Phòng


 
Madre- Silvio Rodriguez by patriciosarmiento